Cuando nací lo primero que vi fue a mi madre, con los ojos brotados, una lagrima en su cutis y a su vez una sonrisa enorme, en ese mismo instante pensé: “Este mundo es mío”

Al crecer llega la institución de casa y la educación del sistema que nos dice cómo debemos ser, nos enseñan que las niñas juegan con muñecas, cocinas y biberones y los niños con carros, pelotas y legos, te dicen cómo vestir, como usar el cabello, de qué forma nos tenemos que comportar y lo más importante: “Que para ser exitoso tenemos que ir a la Universidad”

¿Hice caso? Quisiera decir que no, pero en realidad un poco si y mucho no.

Cuando era pequeña, yo jugaba con carros, pelotas y legos, si me decían que era blanco yo cerraba los ojos y lo veía negro, nunca me logre concentrar del todo en una clase, ni en el colegio ni en la universidad, realmente no sé cómo pase las asignaturas porque me la pasaba soñando y viviendo un mundo distinto en mi mente, mientras cumplía con mis quehaceres también leía cosas de mi interés, como la vida en otros planetas, viajar por el mundo sin necesidad de ser millonaria para poder hacerlo, el ojo que todo lo ve, reptilianos, secretos del código da vinci, etc.

Siempre supe que la vida iba más allá de lo que nos enseñan y nos implantan en nuestra mente, mientras cumplía con graduarme de la universidad para ser abogada, conseguir un empleo y llegar a la zona de confort para ser feliz, faltando 2 asignaturas para llegar a ello, decidí que antes de graduarme tenía que ser persona y me aventure a viajar, a conocerme, a escucharme, no podía más con la frustración de no saber cómo cambiar el mundo y vaya sorpresa, me encontré con que no podía cambiar el mundo , pero SI PODEMOS cambiar nuestro mundo y el mundo de los que nos rodean.

En un proceso de meditación, lectura, creer, llorar, sonreír, soñar sin barreras y transformar cada palabra y conocimiento que en 23 años se habían implementado en mi cerebro y mis actos encontré la respuesta a tantas preguntas, a tantas frustraciones, estaba todo dentro de mí, tenía que creer en ello, conectarme con el universo y aprender a vivir el presente sin dimensionarnos en el tiempo, el pasado no se puede cambiar, el futuro no existe, solo hay que aprender a vivir, a ser feliz con lo que ya tenemos para que el universo nos brinde lo que aún no nos merecemos por rechazar nuestro presente, podemos tener todo lo que soñamos, podemos hacer de una utopía la más bella realidad.

Las utopías si son posibles

Descúbrelo en mi artículo de cómo ser feliz.

Antes de que te vayas te contare una historia:

Cuenta mi abuela Carmen Echavarría, que un monje y ella se presentaron para recibir las enseñanzas de un sabio maestro llamado Dago.

En la espera, mi abuela estaba muy nerviosa y el monje muy seguro porque había estudiado por años sobre el conocimiento del mundo y la espiritualidad.

El maestro les dijo:

  • Primero tendrán que hallar la respuesta a una pregunta.  Si lo consiguen, podrán ser aceptados como alumnos dentro de cinco años.

La pregunta fue realizada y el monje se esforzó hasta que encontró la respuesta.

Y mi abuela le dijo: si supiera la respuesta no estaría aquí.

El monje sonrió, la miro de cabeza a pies y suspiro con la prepotencia y el ego más grande que puede tener un ser humano.

Dice el maestro Dago:

– Monje, tu respuesta es correcta.

Ahora puedes marcharte y esperar que pasen mil setecientos veinticinco  días; sólo entonces, volverás aquí para recibir la enseñanza de la vida.

El Monje estaba muy feliz, empujo a mi abuela para pasar y dijo: maestro tengo una pregunta:

– ¿Qué habría sucedido si yo no hubiera encontrado la respuesta correcta?

– ¡Ah, en ese caso, te habría admitido al instante!

Bienvenida Carmen.

“Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender”.

Alvin Toffler

Carmen Echavarría.

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1 comentario

A WordPress Commenter · julio 12, 2018 a las 3:47 am

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